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Quizás en otro momento, en otro lugar. Puede que en otra vida

No sé donde estas... Tampoco sé si volverás, solamente sé que te echo de menos. Las horas pasan irremediablemente en el antiguo reloj de la pared, cada hora es un día, cada día una semana y cada semana pasa a ser un mes... Cada segundo sin ti es una gota que mi alma derrama en tu ausencia.

Ya no sé como poder expresar este sufrimiento al pensar que te has ido y que no puedo saber si te han obligado o has sido tú el que siendo base de tu incosciencia a tomado esa decisión. Los largos paseos bajo los almendros que tú y yo agarrados de la mano soliamos dar, se han convertidos en monótomos caminos hacia la tristeza y la melancolía. Cada mañana me miro al espejo, con los ojos brillantes y una pequeña y débil ilusión dibujada en el rostro al pensar que quizás esa mañana no sea como las demás... Que quizás esa mañana al mirarme, consiga ver a la chica que un día se enamoró de ti, la chica feliz y sonriente que un día tomaste bajo tú protección... A la que querías proteger con tú vida si fuera necesario. Pero para que seguir engañandome a mi misma, esa chica te la llevaste contigo aquél día... Y tengo miedo, a pesar de no saber nada de ti, tengo miedo. Las noticas, los periódicos, la radio; ellas son mis enemigas diarias. Pensar que en cualquier momento, en cualquier lugar tu nombre puede salir de ahi y... Y entonces sería cuando me tendrías que llevar contigo. No soportaría vivir sin ti toda la vida, no soportaría que otro fuera el que besará mis labios, el que recorriera con su dedo el contorno de mi rostro. Sería tan inimaginable como imposible. Pero mi mayor pesadillas sucedió, tuve noticias de ti. Maldigo el día, la hora y aquél programa de informativos. Todos nuestros recuerdos, todas nuestras cartas, todos nuestros besos y nuestras palabras vinieron a mi mente sin ser llamadas. Recorriéndome el cuerpo como un escalofrio, lento y doloroso. Apenas tuve nada que pensar, si no podía vivir esta vida contigo, tampoco la viviría sin ti. Con extremo sacrifício cogí el abrecartas de encima de la mesa y sin apenas pensarlo me lo clavé en lo más profundo de mi estómago. La última imagen que recuerdo era la del puñal entrelazado de sangre y dolor. Cuando desperté creía que todo había sido una pesadilla, no entendía como tú después de tantos meses desaparecido estabas ahora a mi lado, sujetandome por la cintura y acurrucándome en tu pecho. Dejandome llevar por tu exquisito aroma, reflejando cada uno de tus rasgos en mis pupilas que te contemplan llenas de vida y besando mis labios como si fuera un último suspiro... Y entonces me lo prometiste, no necesité ni una explicación, tus palabras fueron las más convincentes y bonitas declaraciones que nunca me habían echo: Te amaré en muerte como jamás lo he echo en vida. En ese momento pude confirmar que había llegado al cielo y que tú eras mi ángel.

Sonii Florido Chamizo

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